Tengo la boca seca y las hormigas están a punto de acabar con mi paciencia
Nunca he observado tal aferración a la vida inerte, al día, al trabajo por inercia y la rutina;
Jamás como en una colonia de hormigas.
El calor ya no abruma, pero siempre ebullen los pensamientos más acalorados con su presencia;
Sobretodo cuando el sol lo alcanza todo, incluso mi arrinconado nido, plagado de hormigas
Pueden una vez y otra, y una más, efervecer los pensamientos desde este encierro habitacional
Pueden una vez más invadir mis razones de no verte e invadirme, efervecen
Aportándome justo los elementos necesarios, la somnoliencia suficiente, el sopor inevitable
¡Cómo necesito un abrazo! No cálido, en realidad: frío e invernal, que lo cubra todo y a la vez genere una ansiosa inquietud porque nunca acabe, por que ese sea el abrazo definitivo, el inicio de un fin en tierras de climas extremos, para salir del calor, del asunto del rincón, de las colonias y las colmenas.
Dejar y reiniciar, Sí como siempre ha sido en la marcha sobre mi mundo de ideas.
Sin embargo, como nunca sería, en sus exorbitantes alcances, su perfecta complementariedad, y la imposibilidad infinita de que sea.
Dejar de verte para por fin verte, dejar de ser buscada y admirada, transformar el deseo figurativo en deseosa ansiedad,
efervescencia por lo mutuo, por lo igual. Y olvidarme de una buena vez de las hormigas.
Escrito por: Cyn