Coincidimos en una verde y húmeda ribera, cuando nos aprestábamos a recorrer el mismo río. Nos lanzamos a la aventura en aquellas aguas caudalosas. Yo sabía que podía zozobrar debido al peso de los años, pero no claudicaba; Fernando se mantenía sereno en la superficie, mirando hacia un horizonte que ambos deseábamos alcanzar.
Llega a su alcoba y toma asiento frente a su máquina de escribir, se pregunta hace cuanto tiempo que no estaba en este lugar, en ese gran espacio de desesperación que existe en su alma. ¿Es acaso, que hace tanto tiempo que lo ignora, que a su mente arribó un falso conglomerado de ideas estúpidas?
Tengo la boca seca y las hormigas están a punto de acabar con mi paciencia
Nunca he observado tal aferración a la vida inerte, al día, al trabajo por inercia y la rutina;
Jamás como en una colonia de hormigas.
Parte 3 de 3
Era tarde ya… Diego lo sabía, era tarde ya para dejar salir sus palabras, cuanto tiempo le tomo llegar a este lugar? Mucho… pero nunca más del necesario.
No podía dejar de mirar su rostro mientras ella dormía en sus brazos, no quería salir de sus aposentos, pues sentía que una vez se [...]
Hace mucho que comencé a bajar por el otro lado de la colina, pero todavía no me siento viejo, porque tengo mucha juventud interior. No son las arrugas ni las canas, sino la falta de ánimo, lo que determina la ancianidad. La pérdida de la claridad mental y de las capacidades físicas para desarrollar tareas productivas, viene con la inactividad en que se refugian ciertos hombres y mujeres prematuramente cansados del trabajo; gente que desperdicia la edad de oro, esa edad que es un cofre de conocimientos y experiencias que solo se conquistan con el paso de los años.
Originalmente Publicado en Planeta Gris.net Parte 2 de 3
A Diego se le nublaba la vista mientras se alejaba de su lado, lo difícil ya estaba hecho y postergar su salida tan solo haría que todo fuese más complicado.
Lágrimas aún recorriendo su amarga figura, saboreaba cada una de ellas mientras su corazón [...]
Cargué con mi cuerpo que es lo único que ocupo para viajar, y este cargó con el yeso de mi cuerpo (si yeso no peso) salí de mi Refugio Gris y no miré hacia atrás, como quien sabe que va a regresar y no necesita esa última fotografía en su mente… y con tal facilidad dejé todo lo que tenía en la actualidad atrás, para hacer lo mismo que como cuando dejo de fumar y solo así saber qué es lo que se siente.
Estoy tan seco que aunque tengo tantas ideas para escribir posts, simplemente no puedo, y es así como en lugar de este post, hoy debería de estar acá el “Zurdo de Seattle (Version Blanco)” o el “Zurdo de Seattle (Version Negro)”, pero no, es más talvez hubiese sido más apropiado publicar hoy el post de “Alguien arriba se está burlando de mí y eso me hace sentir menos solo”, en honor a la verdad sino fuese por acontecimientos recientes que me han hecho pensar que soy más que el odio en mi corazón hubiese publicado “Patrick te odio por robarme mi música, mis programas de tv y a mi chica” y luego haber publicado otro estrechamente ligado llamado “El señor de las mujeres”, pero hoy bajo la lluvia logré apagar ese fuego…
Estoy demasiado cansado pero no puedo dormir, hoy debo escribir, no me quiero ir sin decir, sin rendir de cierta manera mi más respetuoso tributo en vida al artista que me enseñó que no existen salidas, al joven nacido en Seattle y que ha pasado la mayor parte de su vida alucinado, cuyos excesos y acciones desencajadas han hecho que muchos se centren más en su vida que en su arte, ese arte que sale de las entrañas de un cuerpo intoxicado que sabe que está en un mundo tan apestoso que no tiene sentido que la gente se bañe.
“Vemos al mejor grupo de amigos que se pueda imaginar compartiendo en un bar. Las risas vienen lo tragos van, todo es felicidad. En un momento vemos a uno de los amigos observando alrededor con frío, simplemente cayendo en la verdad, no en esa verdad que demandas saber, sino en esa verdad que nunca estás preparado para saber. Está con sus mejores amigos pero se siente solo; no es que no disfrute el momento, simplemente es que se siente solo“.